Artículo insta a los líderes mundiales a abandonar su posición neutral en cuanto al acceso al aborto seguro
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| Cuando las mujeres pueden controlar su propia fertilidad, tienen más posibilidad de sacar provecho de sus oportunidades de empleo, estudios y participación cívica. |
| Foto cortesía de la fundación David and Lucile Packard Foundation. |
Una y otra vez, los acuerdos internacionales han reconocido al aborto realizado en condiciones de riesgo como un problema mundial de salud pública. Pero los enunciados significan poco para la tercera parte de la población mundial, que vive en países donde el acceso al aborto es sumamente restringido.
En un nuevo artículo preparado por invitación del Proyecto de las Naciones Unidas para el Milenio, la Vicepresidenta Ejecutiva de Ipas, Barbara Crane, y la Directora de Políticas, Charlotte Hord Smith, afirmaron que llegó el momento de que la comunidad internacional se una a los gobiernos para realizar esfuerzos sin reservas a fin de disminuir el índice de abortos inseguros, si están comprometidos a cumplir con los objetivos de la ONU para el año 2015.
El artículo, titulado “Access to Safe Abortion: An Essential Strategy for Achieving the Millennium Development Goals to Improve Maternal Health, Promote Gender Equality, and Reduce Poverty,” es un artículo de introducción al informe del Proyecto de la ONU para el Milenio “Opciones públicas, decisiones privadas: Salud sexual y reproductiva y los Objetivos de Desarrollo del Milenio”.
Entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), formulados en el año 2000, figuran disminuir la tasa de mortalidad materna en un 75 por ciento y reducir por la mitad el número de personas que viven con menos de $1 al día. Todos los 191 Estados miembros de la ONU han prometido cumplir con estos objetivos.
Estas metas tienen profundas implicaciones para las mujeres, cuyo acceso a la atención en salud reproductiva con frecuencia determina el rumbo que toma su vida.
Crane y Hord Smith escriben: “ …Las mujeres que pueden regular su fertilidad, incluso el acceso al aborto seguro, pueden sacar provecho de sus oportunidades de estudios, empleo y empoderación política, y tienen más posibilidades de lograr y mantener su salud y bienestar en general, así como de mantener su productividad y aportes a la sociedad”.
Las mujeres más pobres a menudo no pueden obtener servicios de salud, y con pocas opciones para evitar el embarazo, es probable que pasen a ser una de las 68,000 mujeres que, según la Organización Mundial de la Salud, mueren anualmente a consecuencia del aborto inseguro.
Además, como señalan Crane y Hord Smith, el número de muertes continúa creciendo. Más de medio millón de mujeres morirán al cabo de la fecha límite de 2015 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, si no se toman las medidas necesarias para garantizar una amplia disponibilidad de los métodos anticonceptivos, la educación sexual y los servicios de aborto seguro.
Pero con respecto a la atención segura del aborto, la comunidad de naciones observa un “arreglo precario”. Por ejemplo, a pesar de que en el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo se estableció que el aborto inseguro es un “gran problema de salud pública”, se indicó que el aborto debe ser seguro en los lugares donde sea legal, lo cual efectivamente proporciona una cláusula de escape para las naciones que prohíben o limitan el aborto.
Crane y Hord Smith dicen: “no tiene justificación ética que los líderes de la comunidad internacional continúen manteniendo una posición tan neutral en cuanto a las leyes y políticas de aborto”, ya que los efectos de las leyes restrictivas no son nada de neutrales. A ellos se les atribuye un gran número de las muertes y lesiones maternas, particularmente entre las mujeres de bajos ingresos, las jóvenes, las sobrevivientes de agresión sexual y las marginadas.
La alternativa es clara, dicen las autoras Crane y Hord Smith.
“En muchos países existen leyes que respetan el derecho de la mujer de decidir voluntariamente si continuar o interrumpir un embarazo, de acuerdo con sus propios principios morales, con mínimas restricciones. … No sólo son preferibles dichas leyes, desde un punto de vista pragmático y de salud, sino que de conformidad con los principios de los derechos humanos de las mujeres, los gobiernos tienen el deber de promulgar dichas leyes y de tomar las medidas necesarias para garantizar que estas leyes sean aplicadas plenamente”.
El artículo recomienda que los líderes internacionales fomenten un diálogo
sobre los efectos de las leyes restrictivas de aborto; que aboguen por una
revisión de la situación del aborto en cada país; y que promuevan cambios en
políticas a nivel nacional y la modificación del lenguaje relacionado con el
aborto en los acuerdos internacionales.
Para mayor información, diríjase a:
Kirsten Sherk
Gerente, Unidad de Comunicaciones
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